Mujeres indígenas del Amazonas luchan por su soberanía reproductiva

Lauren Franco

Foto: Felipe Rodríguez/TIURIS

Género


En el corazón de la Amazonía colombiana más de 100 mujeres indígenas luchan por el derecho a decidir sobre sus cuerpos en un proceso que llaman «soberanía reproductiva». Decidir cuándo y cómo tener hijos e hijas, acceso a productos de higiene menstrual dignos, prevención del embarazo adolescente y de la violencia sexual, así como el respeto por sus saberes ancestrales son algunas de sus luchas.


Entre Vaupés y Guainía en el Amazonas, muy cerca de la frontera con Brasil, 15 comunidades, en su mayoría del pueblo ñamepaco, conforman el Territorio Indígena Unido de los ríos Isana y Suburi (TIURIS). Allí, hace 10 años, un grupo de mujeres comenzó a reunirse para estudiar cómo conservar las chagras que las proveían de alimentos. Lo que comenzó como una urgencia práctica para garantizar la soberanía alimentaria avanzó hasta una conversación sobre sus partos, cuerpos y los saberes ancestrales que desean conservar.

El punto de partida fueron sus experiencias. Lenyn Lima Rodríguez había imaginado el momento de su parto diferente: recibir a su bebé sentada, con su esposo sosteniéndole la mano o la barriga, tal como le habían enseñado las mujeres de su comunidad. En cambio, terminó en una sala de hospital, sin entender del todo lo que los médicos le decían, mientras le practicaban una cesárea que ella no terminaba de comprender.

«Yo sentí que fue una situación obligada, que tenía que sí o sí hacerme una cesárea. En un momento yo llegué y le dije a la cirujana: ‘¿No pueden esperar a que me lleguen los dolores naturalmente?’ y me dijeron que no», recuerda Lenyn, quien además es secretaria general del Consejo Indígena TIURIS. La situación se repitió con su segundo hijo.

Su experiencia, lejos de ser la única, fue el punto de partida para comenzar a hablar de «soberanía reproductiva», que en palabras de Lenyn, vocera de las mujeres, se define como el poder de decidir sobre sus cuerpos. «Donde nosotras como mujeres indígenas podamos tomar la decisión de cuándo tener hijos, en qué momento, con quién, cuántos hijos tener y también cuidar nuestra salud», señala la lideresa social.

Foto: Felipe Rodríguez/TIURIS

Para las mujeres del territorio, la dignidad del parto se rompe mucho antes de llegar a la sala de cirugía: en las barreras del idioma, en la ausencia de traductores que expliquen lo que dice el personal médico, incluso en la distancia misma. Las mujeres embarazadas son remitidas a hospitales en Mitú (Vaupés) o en Inírida (Guainía), un viaje en avioneta que puede tomar horas y que, muchas veces, hacen solas, sin sus esposos ni sus familias.

«Nosotras pedimos que se involucren nuestros saberes ancestrales, las voces de las parteras. A mí me enseñaron que se tenía la bebé sentada, en una hamaca, con el marido agarrando la mano o sosteniendo la barriga. En los hospitales eso no pasa. Una se siente como muy vulnerada en lo de nosotros, de los derechos como pueblos indígenas», explica Lenyn.

Durante el proceso las mujeres han identificado más de 20 problemas: niños y niñas que no tienen registro civil porque nacen a través de parteras, violencia de género, embarazo adolescente, dificultades logísticas para el traslado de pacientes, falta de traductores en los centros de salud y los pocos espacios para que la medicina ancestral trabaje de la mano con la medicina occidental, entre otros.

Foto: Felipe Rodríguez/TIURIS

Aunque el tema de la menstruación ha dejado de ser un tabú en las comunidades —incluso los hombres participan hoy de esa conversación, cuenta Lenyn—, los productos de higiene menstrual llegan a la ETI (Entidad Territorial Indígena) a precios que muchas no pueden pagar. Por eso, las mujeres ya piensan en una solución propia: realizara sus propias toallas reutilizables. «Nosotras también queremos realizar esa iniciativa y así poder apoyar a todas las mujeres del territorio indígena», dice Lenyn.

«Nosotros queremos que las futuras generaciones tengan un buen vivir en el territorio, para seguir conservando los usos y conocimientos que ya nos han dejado nuestros ancestros», concluye Lenyn.

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